LAS MALFORMACIONES CRÁNEO–CERVICALES
Y LOS TRATAMIENTOS OSTEOPATICOS
Dr. Antonio Ruiz de Azúa Mercadal
Médico osteópata (Barcelona)
ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE LAS MALFORMACIONES
CRÁNEO–CERVICALES
Las malformaciones congénitas del tejido nervioso de la columna vertebral pueden
producir en los músculos que están bajo su influencia (miotomo) un estado de
irritación, contracción y dolor de características crónicas. Esta contracción
permanente produce una alteración vasomotora con exudado de sustancias al tejido
intersticial con la consiguiente inflamación y edema. Si esta situación persiste
con el tiempo, los tejidos se irán fibrosando y retrayendo. Todo esto se
perpetuará en un círculo cerrado de dolor y contracción. Con el tiempo esta
rigidez y contracción secundarias se hacen independientes de las causas que las
produjeron.
No siempre hay una concordancia entre los signos radiográficos y los síntomas
que padecen los pacientes con malformaciones cráneo-cervicales. Tenemos que
distinguir entre la sintomatología por acción directa de las malformaciones y la
producida por las lesiones secundarias en los tejidos periféricos a la
malformación. Por ejemplo, podemos observar que los grados de desviación de una
escoliosis (medida mediante radiografías) permanece estable mientras que el
paciente sufre un aumento de su dolor de espalda. En ocasiones también podemos
observar un paciente que sufre un aumento progresivo de parestesias y dolor en
las extremidades superiores, sin que se produzca modificación del tamaño de la
cavidad siringomiélica.
BASES DEL TRATAMIENTO OSTEOPATICO
La rehabilitación y la osteopatía son muy útiles en las malformaciones
cráneo-cervicales. No debemos hablar de lesiones neurológicas no recuperables,
sino de lesiones neurológicas no rehabilitadas.
La osteopatía no corrige las deficiencias de las estructuras anatómicas pero sí
mejora la fisiología de los tejidos blandos que las rodean.
Para entender la base de los tratamientos osteopáticos tenemos que remontarnos a
las consideraciones que postuló el fundador de la osteopatía, el Dr. Still.
Lejos de lo que se afirma, el Dr. Still era un defensor de la utilización de la
cirugía cuando las técnicas osteopáticas fracasaban, por lo que los tratamientos
osteopáticos deberían ser complementarios de los quirúrgicos.
Las fascias son los tejidos que rodean y unen todos los órganos del cuerpo
humano. A través de ellas llegan los nutrientes y el oxígeno a todas las células
del organismo. Para explicar el funcionamiento de las fascias, el Dr. Still
empleaba una analogía en la que comparaba a las fascias, constitutivas del
tejido conjuntivo, con un campo de cultivo. La sangre que aporta la circulación
sanguínea riega este “campo de cultivo” fascial con las sustancias nutritivas
mientras que los sistemas venoso y linfático lo drenan. La dirección y
coordinación del riego de los tejidos fasciales vendría determinado por el
sistema nervioso. Si se produce una compresión nerviosa o una disminución de la
circulación sanguínea, este terreno no se irriga bien, con la consiguiente
alteración de la fisiología celular.
En el interior de las fascias encontramos redes de fibras de colágeno que
contribuyen a darles forma. Dichas redes forman un armazón de características
viscoelásticas sensible a las tracciones producidas durante la terapia manual.
Mediante las técnicas osteopáticas tisulares se actúa sobre la estructura de las
fibras de colágeno aumentando la elasticidad de los tejidos. Con el tiempo
disminuye la retracción y la fibrosis y mejora la circulación intersticial.
Todas estas mejoras físicas producen una disminución de los síntomas (dolor, etc).
En algunas publicaciones médicas se puede leer que la mejora de la
sintomatología obtenida mediante un tratamiento osteopático con plantas
medicinales, acupuntura y movilizaciones vertebrales son debidos al efecto
placebo. Estas afirmaciones sólo demuestran el desconocimiento que se tiene de
la osteopatía. En osteopatía no se recetan plantas medicinales, ni se practica
acupuntura y las manipulaciones vertebrales sólo son una de las numerosas
técnicas que realizan los osteópatas. En las páginas web de algunas asociaciones
internacionales de enfermos de Arnold-Chiari se puede leer que la osteopatía no
es recomendable en los pacientes con enfermedades cráneo-cervicales. Se parte de
la base de que en osteopatía sólo se realizan manipulaciones vertebrales,
ignorando que los osteópatas poseen técnicas muy útiles de tratamiento de los
tejidos blandos. Para agravar esta ignorancia el término osteópata es utilizado
por numerosas personas que emplean técnicas que nada tienen que ver con la
osteopatía.
Es difícil que se dediquen recursos económicos en la investigación osteopática.
La osteopatía no está reconocida por la sanidad pública y no interesa a los
laboratorios farmacéuticos, principales responsables de la financiación de la
investigación médica. También dificulta la investigación el hecho de que no se
puede comparar los tratamientos osteopáticos realizados por diferentes
osteópatas (con distinta experiencia) en pacientes diferentes.
Pretender realizar un protocolo de tratamientos osteopáticos es desconocer que
este tipo de terapia manual no se puede estandarizar ya que hay que basarse en
las particularidades de cada individuo. También es difícil realizar protocolos
de tratamientos en las malformaciones cráneo-cervicales por el hecho de que bajo
este nombre reunimos un conjunto de enfermedades sin un límite bien definido
entre ellas. Por ejemplo, muchas de estas enfermedades tienen en común el
aumento de tensión en la médula espinal, pudiendo superponerse los signos y
síntomas de una enfermedad de Arnold Chiari con los de una siringomielia o una
escoliosis idiopática.
Como ya hemos indicado, parte de los síntomas de las malformaciones
cráneo-cervicales se localizan en los tejidos blandos (músculos, fascias,
tendones, etc). Actuar sobre los tejidos blandos no es tratar la causa primaria
(tratamiento etiológico) pero sí nos permite mejorar la calidad de vida de estos
pacientes, que es lo que se pretende.
Las fascias y las inserciones tendinosas son estructuras muy sensibles al dolor
por encontrarse en ellas gran cantidad de terminaciones sensitivas. Todas las
contracturas musculares crónicas causadas por una irritación nerviosa, por una
sobrecarga mecánica o por tensiones de origen emocional, estimulan estos
receptores nerviosos y producen dolor. Es posible que esta situación sea uno de
los orígenes del dolor en los puntos gatillos (trigger points).
OSTEOPATÍA CRANEO SACRA
Para los tratamientos de los trastornos músculo-esqueléticos el Dr. Sutherland
propuso las terapias osteopáticas cráneo-sacras. En este breve artículo no se
pueden exponer las bases anatómicas en las que se basaba, pero sí citaremos que
describió la presencia de una fuerza mecánica que discurre por el interior de la
columna vertebral desde el cráneo hasta el sacro. Sutherland atribuía la
transmisión de esta fuerza a la acción que ejercía la duramadre espinal. Para
llegar a esta conclusión utilizó la palpación, ya que en aquel tiempo se
desconocía el TAC y la RMN. Gracias a las investigaciones del neurorradiólogo
Dr. Roth, actualmente defendidas por el neurocirujano Dr. Royo-Salvador, sabemos
que existe una fuerza desde el interior de la masa encefálica que se transmite a
través de la médula espinal, por el interior de la columna vertebral, hasta la
inserción en el coxis mediante el “filum terminale” y el ligamento sacro-coxígeo.
Esto ha sido demostrado mediante imágenes de TAC y RMN.
En las técnicas cráneo-sacras se realizan ligeras presiones con las manos sobre
la cabeza y la cintura pélvica. Estas técnicas apenas producen movilizaciones en
las articulaciones vertebrales. El posicionamiento de las manos del osteópata en
la base de la cabeza del paciente (a la altura del hueso occipital) es agradable
y relaja de forma pasiva la musculatura posterior del cuello. Si, como sus
detractores indican, las técnicas osteopáticas cráneo-sacras sobre la zona
occipital (también conocidas como de compresión del IVº ventrículo) no producen
ninguna acción, significaría que no son peligrosas y, como mínimo, no estarían
contraindicadas. El apoyo de la mano del osteópata bajo el sacro del paciente
tampoco produce grandes movilizaciones vertebrales por lo que, siguiendo el
razonamiento anterior, no encontramos ninguna justificación para
contraindicarlas en los pacientes con malformaciones cráneo-cervicales.
TÉCNICAS OSTEOPATICAS FASCIALES
Otras técnicas osteopáticas de interés son todas aquellas que actuando sobre las
fascias están dirigidas a dar libertad a las articulaciones en las que se
insertan, como por ejemplo las técnicas de liberación de los omóplatos. Este par
de huesos están situados en un lugar clave de la espalda; de ellos parten
músculos que los conectan con la extremidad superior, con la cabeza y con la
columna vertebral. Si mejoramos la movilidad de los omóplatos producimos una
mejora en la tensión de la musculatura de toda la espalda. En la técnica más
sencilla de liberación fascial de los omóplatos el paciente se estira sobre la
camilla de forma que sus omóplatos reposan sobre la cara palmar de las manos del
terapeuta. A continuación el osteópata, aprovechando el peso y la respiración
del propio paciente, realiza con sus manos unos pequeños movimientos y el
paciente va ganando progresivamente movilidad en esa zona.
CONTRAINDICACIONES DE LAS TÉCNICAS DIRECTAS DE
MANIPULACIÓN VERTEBRAL Y SACRO-ILIACA (GRAN VELOCIDAD Y PEQUEÑA AMPLITUD)
Dr. Antonio Ruiz de Azúa Mercadal
Médico osteópata (Barcelona)
El colágeno constituyente del cartílago, de los tendones y de las fascias forma
una malla muy compacta que, tras ser sometida a una tracción moderada, posee una
cierta capacidad de recuperación. Las manipulaciones vertebrales bruscas o
repetidas, si no han estado bien indicadas, pueden producir la fatiga del
colágeno e impedir su capacidad de autorregeneración. Las lesiones en el
colágeno constituyente de los ligamentos vertebrales pueden ser causa de
inestabilidad vertebral.
Las manipulaciones vertebrales (técnicas directas vertebrales de gran velocidad
y de pequeña amplitud) están formalmente contraindicadas en las malformaciones
cráneo–cervicales. Movimientos rápidos en una vértebra irregular pueden producir
desplazamientos imprevisibles. Asociados a las malformaciones óseas se
encuentran malformaciones en los tejidos blandos que unen a las vértebras, por
lo que la biomecánica vertebral de esta zona es inestable.
Las manipulaciones vertebrales con técnicas directas tiene que reunir las
siguientes condiciones:
1º. La manipulación tiene que estar bien indicada y justificada.
2º. No tienen que existir alteraciones en la forma de las vértebras que
constituyen la articulación a manipular. Por ejemplo, no se pueden manipular
malformaciones congénitas ni artropatías degenerativas de origen artrósico.
3º. Al realizar una manipulación se debe aplicar la menor fuerza posible y
dirigirse en una dirección precisa. Para ello la articulación tiene que estar
bien localizada.
4º. El número de sesiones será el mínimo posible.
5º. Hay que tener en cuenta la globalidad del cuerpo humano y los efectos a
distancia que una manipulación puede producir sobre otras estructuras.
La existencia de enfermedades con una médula a tensión introduce un nuevo
elemento a tener en cuenta en las contraindicaciones de las manipulaciones
directas de la columna vertebral. Las manipulaciones directas se basan en los
estudios de la fisiología articular clásica, en los que no se valora la tensión
en los componentes del interior del conducto vertebral (médula, meninges, etc).
Podemos considerar al conjunto de la médula y sus meninges como una unidad
anatómica a tensión. Así, la médula y sus anexos podrían considerarse como uno
de los elementos estructurales de mayor longitud en el cuerpo humano. Por
consiguiente, en los pacientes con enfermedades en las que esta fuerza de
tracción o tensión medular esté incrementada, las manipulaciones bruscas de la
columna vertebral podrían ser la causa de lesiones (locales o a distancia) en la
médula.
Entre las contraindicaciones de las manipulaciones articulares vertebrales de
gran velocidad y de pequeña amplitud destacaremos:
a) Degeneraciones articulares
1º Procesos artríticos: Artritis inflamatorias, espondiloartritis anquilosante,
enfermedad de Scheuermann, etc.
2º Procesos degenerativos artrósicos con peligro de lesión o fractura de las
proliferaciones óseas, del cartílago y de la cápsula articular.
3º Inestabilidad vertebral.
4º Enfermedades metabólicas sistémicas que propicien la fragilidad del tejido
óseo (enfermedades endocrinas, osteoporosis, tratamientos con corticoides
sistémicos, etc).
5º Traumatismos recientes, fracturas, roturas o luxaciones ligamentosas,
arrancamientos del periostio.
6º Hiperlaxitud ligamentosa, en especial la inestabilidad atlanto-axoidea
(apófisis odontoides inestable).
7º Sinostosis vertebral yatrogénica (unión quirúrgica de las vértebras).
b) Malformaciones óseas congénitas
1º Malformaciones cráneo-cervicales: Arnold Chiari, siringomielia, impresión
basilar, retroceso odontoideo, etc.
2º Fijación del “filum terminale” en la espina bífida (Tethered cord syndrome).
3º Espina bífida.
4º Escoliosis idiopática severa.
5º Agenesia de la apófisis odontoides.
6º Hemivértebras.
7º Sacralización de vértebras lumbares y lumbarización de vértebras sacras.
c) Alteraciones cardiocirculatorias y hematológicas
1º Trastornos circulatorios en la base del cráneo (insuficiencia vértebro-basilar,
trastornos visuales provocados por una compresión arterial, trastornos en la
circulación carotídea, etc).
2º Arteriosclerosis con calcificación aórtica.
3º Aneurisma aórtico.
4º Trastornos de la coagulación (incluidos los tratamientos con medicamentos
anticoagulantes). Trombosis.
5º Hipertensión arterial elevada.
6º Infarto de miocardio reciente.
d) Alteraciones neurológicas
1º Hernia y prolapso del disco intervertebral diagnosticados mediante TAC o RMN.
En estos casos existen excepciones que se valorarán según el tipo de lesión.
2º Síndrome del “tractus piramidal”.
3º Síndrome de la “cauda equina”.
4º Mielopatías agudas.
e) Psicológicas
1º Enfermedades psiquiátricas graves.
2º Pacientes que expresen temor a la manipulación.
f) Otras
1º Tumores que se asienten en el hueso (benignos y malignos).
2º Enfermedades infecciosas articulares y óseas (osteomielitis infecciosas).
3º Osteomalacia.
4º Pneumotórax.
5º Mujeres embarazadas.
6º Ancianos y niños.
